Rechazan demanda contra cirujano plástico por implantes mamarios

Rechazan demanda contra cirujano plástico por implantes mamarios
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La Sala K de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, rechazó la demanda por daños y perjuicios contra un cirujano plástico, iniciada por una paciente a la cual el profesional le realizó implantes en ambas mamas y, por complicaciones surgidas con posterioridad a la intervención (formación de seromas, acumulación de líquido en partes huecas del organismo de la paciente), no se obtuvo el resultado estético esperado. Señala que la complicación que presentó la actora y que frustró el resultado esperado se debió a una causa ajena, propia del riesgo del implante, y por consiguiente, no se ha demostrado la relación causal del desenlace con la actuación del médico.


“S., L. A. contra M., P. y otro sobre Daños y perjuicios. Ordinario” -
Expediente N° 5.010/2006 - Juzgado N° 95

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los 25 días del mes de febrero de
2014, hallándose reunidos los Señores Vocales de la Sala K de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a fin de entender en
los recursos de apelación interpuestos por la actora y las demandadas y su
aseguradora en los autos caratulados “S., L. A. contra M., P. y otro sobre
Daños y perjuicios. Ordinario”, habiendo acordado seguir en la deliberación y
voto el orden del sorteo de estudio, la Dra. Lidia Beatriz Hernández dijo:
I.- La cuestión litigiosa.
La actora inició demanda por daños y perjuicios derivados de la mala praxis
médica, imputando al cirujano que le realizó una cirugía estética la mala
colocación de los implantes mamarios.
La sentencia de fs. 439/447 rechazó la demanda contra P. M. y en garantía
contra La Economía Comercial S.A. de Seguros Generales, imponiendo las
costas a la actora vencida (art. 68 del Código Procesal).
La parte actora apela la sentencia y expresa agravios a fs. 499/503, los que
fueron contestados a fs. 509/517. El demandado solicita se declare desierto
el recurso por no cumplir la actora con los requisitos del art. 265 del Código
Procesal.
Expresar agravios significa reputar y poner de manifiesto los errores, de
hecho y de derecho, que contenga la sentencia y que la impugnación que se
intente contra ella debe hacerse de modo tal que rebata todos los
fundamentos esenciales que le sirven de apoyo (Morello, Sosa y Berizonce en “Códigos Procesales…, t III, p. 335). Supone como carga procesal una
exposición jurídica en la que mediante el análisis razonado y crítico del fallo
impugnado se evidencia su injusticia. Requiere así, una articulación seria,
fundada, concreta y objetiva de los errores de la sentencia punto por punto y
una demostración de los motivos para considerar que ella es errónea, injusta
o contraria a derecho (Alsina, Tratado, vol. IV, p. 389, segunda ed.; Palacio,
derecho procesal Civil, vol. V, p. 599).
En este sentido, reiteradamente he sostenido que teniendo en cuenta que
está en juego el derecho de defensa, no se debe ser extremadamente
riguroso en la apreciación de la suficiencia técnica del recurso y que, en caso
de duda, debe estarse por la admisibilidad de la apertura de segunda
instancia, debido a la gravedad de la sanción y con independencia de la
suerte final que corra la apelación (Gueller, Isidoro, “El excesivo ritualismo en
la aplicación de la ley procesal” LL 1993-A-16; Guillot, María “Recurso
desierto y rigorismo formal” DT,1997-A-405; Morello, Augusto, “Acerca del
abuso en la declaración de deserción de la apelación”, JA, 1978-III-750; De
nuevo sobre la deserción de la apelación. La estimulante enseñanza de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, JA, 1980-III-503),
Al respecto, considero que los agravios presentados por la recurrente
satisfacen las exigencias del art. 265 del Código Procesal, pues cuestionan la
valoración efectuada en la sentencia de las pruebas producidas en la
tramitación del proceso; así como el derecho aplicable. Como consecuencia,
trataré los agravios de la parte actora.
La parte actora se agravia: 1) Por el erróneo encuadre jurídico de la relación
cirujano plástico – paciente. 2) Porque no se tuvo en cuenta la falta de
consentimiento informado válido respecto de los riegos de la intervención
quirúrgica. Hace reserva del caso federal y pide se revoque la sentencia.
Es sabido que cuando en la expresión de agravios, el apelante ataca la
totalidad de lo resuelto en la anterior instancia, peticionando la completa
revocación del fallo, es resorte del tribunal de alzada conocer respecto de
todas las argumentaciones esgrimidas por las partes, hayan o no sido
tratadas por el sentenciante de grado, asumiendo así la jurisdicción en
plenitud. Es que, en tales términos, el efecto de la apelación importa la
sumisión integral del proceso a la Cámara, quien conoce ex novo sobre todaslas cuestiones controvertidas, con poderes idénticos, en su extensión y
contenido, a los del juez de grado (CNCiv. Sala H, feb. 29-1996, Papelera S.A.
v. Gamupel S.A., J.A. 1997-II-síntesis, Lexis 1/16854).
II.- La responsabilidad médica.
No se encuentra controvertido que la actora fue intervenida quirúrgicamente
el 21 de diciembre de 2001 por el demandado Dr. P. M. en el quirófano
ubicado en su consultorio realizándole implantes mamarios en ambas
mamas, utilizando anestesia local.
Surge de la pericial médica a fs. 328 que la intervención quirúrgica, como la
que se le realizara a la actora, consiste en la colocación de un implante o
prótesis inmediatamente debajo de la glándula mamaria o bien detrás del
músculo pectoral dependiendo de las características corporales de la
paciente.
El implante utilizado está constituido por un gel de silicona, su cubierta es a
veces de poliuretano texturizada que, se ha observado, ayuda a evitar
encapsulamientos excesivos. La incisión puede ser periareolar y disecando
hacia abajo protegiendo la glándula que queda encima, o bien en el surco
submamario o bien en la axila. Dicha cirugía puede ser ambulatoria bajo
anestesia local o con anestesia general con internación por un día. Además se
coloca un drenaje espirativo por 24 o 48 horas y se mantiene un vendaje por
5 a 7 días.
Entre las complicaciones se describen las más comunes para cualquier
cirugía, como hematomas, infecciones, etc. y propias del implante:
contractura capsular, palpación del implante, extrusión y hasta ruptura lo
que implica su retiro.
El seroma también es una de las complicaciones que puede aparecer, se trata
de una acumulación de líquido en parte huecas del organismo. Su origen
puede ser linfático, exudado inflamatorio del tejido o proliferación vascular
vénulocapilar. De allí que sea importante para prevenirlo la utilización de
prendas de comprensión, la observación que brinda el control evolutivo de
los pacientes a través de curaciones y controles frecuentes. Los pequeños
seromas son generalmente reabsorbidos por el organismo (conf. informe
pericial médico de fs. 322/342). En la especial intervención de autos las prótesis fueron colocadas en forma
retromamaria, es decir, encima de ellas estaba la glándula mamaria, el tejido
celular y la piel. Se colocaron prótesis mamarias marca Silimed de 235 cc de
volumen, con cobertura texturizada de poliuretano. También se le colocó
vendaje de comprensión después de la cirugía.
En el control del 14 de enero de 2002 se encontró que en la incisión del lado
izquierdo tenía una moderada secreción serosa por lo cual se la curó y se le
indicó un antibiótico, luego de varias curaciones y viendo que las heridas no
cicatrizaban la actora concurrió a otro profesional, el Dr. P., quien le realizó el
24 de abril de 2002 la extracción de los implantes y una cirugía correctiva de
las aerolas.
Se acredita con la pericial médica y las historias clínicas acompañadas y que
obran en sobres cerrados, que la actora presentó la formación de seromas
bilaterales, supuración serosa y consecuente dehiscencia de suturas a
posteriori, motivando en su itínere la consecuente extrusión del material de
implante, el cual una vez en contacto con el exterior es de rigor quirúrgico su
retiro, por encontrarse contaminado (conf. fs. 225, punto 2 del dictamen
pericial médico y ficha médica acompañada por el Dr. A. P. a fs. 169).
Indica el experto que con posterioridad a la operación primera, la actora
sufrió una de las más frecuentes complicaciones, que es la formación de
seroma (acumulación de secreciones serosas del organismo frente a un
material extraño). Por ello, agrega el médico cirujano plástico, se dejan
preventivamente los drenajes las primeras 24 a 72 horas. El caso de la actora
evolucionó con la continuación en su formación, aumentando la presión en la
cavidad cerrada y distendiendo las suturas internas y cutáneas, originando la
deshiscencia de las mismas y la salida espontánea de secreciones y, en el
devenir de los días la consecuente extrusión del material de implante.
El perito médico J. U. S. P. explica que la existencia de secreciones en una
herida quirúrgica es normal, dado que ello responde a la producción normal
de líquido por autolisis celular tanto del tejido celular subcutáneo como del
tejido graso, mientras se va generando la regeneración celular que hace al
proceso de cicatrización de la herida. A veces también hay secreciones que
responden a la reacción idiosincrática que cada paciente tiene como
respuesta al cuerpo extraño que es el implante. El proceso de extrusión del material de implante es debido a que el organismo, al reconocer a la prótesis
como elemento extraño al cuerpo, tiende primero a englobarlo con la
formación de una capsula y luego a eliminarlo al exterior, buscando entonces
la zona de mayor debilidad de la superficie cutánea de caso que es
lógicamente la herida quirúrgica (conf. aclaraciones de fs. 351).
Basándose en que la intervención a que fue sometida era de tipo estético,
por lo que se le aseguró un resultado, esto es, el mejoramiento de su estética
corporal; y por el contrario, el resultado estético logrado es deplorable, la
actora reclama los daños y perjuicios ocasionados; pretensión que es
rechazada por la parte demandada.
El perito médico a fs. 335 concluye que las prótesis fueron colocadas en
forma correcta y que el caso evolucionó en forma tórpida por razones
ideosincráticas, propias de cada paciente y que son imposibles de prever.
Agrega el experto que la localización de las prótesis efectuada es la más
frecuente y las prótesis utilizadas son las más apropiadas para prevenir la
contractura capsular.
El impugnante solo discrepa con las conclusiones periciales pero no trae
fundamento científico alguno que las contradiga. Además en los agravios ya
no sostiene la culpabilidad del médico cirujano, sino que limita sus
fundamentos a que garantizó el resultado exitoso.
III.- La cirugía estética.
Siendo en el caso la responsabilidad contractual, resultan de aplicación las
directivas del art. 512 del Código Civil en cuanto a la valoración de la culpa, y
tratándose de médicos especialistas, no cabe duda que también debe
seguirse la directiva del art. 902 del Código Civil que establece que "cuanto
mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas
mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los
hechos". De todas maneras, en materia de responsabilidad médica existe
consenso en la doctrina y jurisprudencia acerca de que en principio es el
paciente quien debe acreditar la culpa que imputa al médico en el desarrollo
de su tratamiento o en la realización de la intervención quirúrgica,
demostrando la existencia de negligencia o de errores de diagnóstico o de
tratamiento.(Conf. Salvat-Acuna Anzorena, Hechos ilícitos, p. 315, num.2988;
Bustamante Alsina, Jorge, Teoría General de la responsabilidad Civil, n° 1380y Responsabilidad civil de los médicos en el ejercicio de su profesión, La Ley
1976-C-63; Halperin, Isaac, La responsabilidad civil de los médicos por faltas
cometidas en el desempeño de su profesión, La Ley T 1, p. 217; Alsina
Atienza, D. La carga de la prueba en la responsabilidad del médico, J.A. 1958-
III-587; Bueres, Responsabilidad civil de los médicos, 1, segunda edición,
p.84).
No obstante en materia de responsabilidad médica la doctrina en general ha
considerado que el médico no puede asegurar un resultado sino sólo el
cumplimiento de una conducta diligente, cuidadosa, prudente y
técnicamente irreprochable dirigida a la curación o mejoramiento del
enfermo. De tal manera, se considera que el médico debe satisfacer una
obligación de medios, salvo casos excepcionales como el de la cirugía estética
no terapéutica (Conf. Mosset Iturraspe, Responsabilidad civil del médico,
p.133 y ss. y responsabilidad por daños, Tomo I, p. 352; Bustamante Alsina,
Teoría General de la Responsabilidad Civil, n° 1436; Bueres, Responsabilidad
Civil de los médicos, num.89; C.N.Civ. Sala E, E.D. 117-244; CN.Civ.Sala I,
marzo 30-990, La Ley 1991-A-142).
En la litis, existe controversia entre las partes respecto del derecho aplicable
teniendo presente la naturaleza de la intervención quirúrgica practicada a la
actora, pues mientras ésta sostiene que fue estética, asegurándosele un
resultado que no se ha logrado y por ende existe incumplimiento, el
demandado considera que deben aplicarse los principios generales,
considerando que es la accionante la que debe probar la culpa del cirujano.
La clásica clasificación de Demogue sobre obligaciones de medio y de
resultado ha sido seguida por numerosa doctrina, pero también rechazada
por otra. Aún cuando se acepte la utilidad de la distinción, no puede dejar de
señalarse que la aplicación dogmática de la misma en cuanto a establecer
regímenes diversos en relación con la carga de la prueba, puede llevar a
resultados disvaliosos.
En este aspecto, comparto las conclusiones de Zannoni, cuando expresa que
"...como la prestación es el medio de satisfacción del interés del acreedor,
este imputará al deudor, en su caso, incumplimiento o deficiente
cumplimiento de la conducta debida en relación con el resultado esperado a
través de esa conducta. En algunos casos la frustración del resultado permite inferir por sí mismo -res ipsa loquitur- que el deudor no cumplió con la
conducta debida; en otros no sería suficiente, pero no porque la conducta
debida sea en sí el objeto de la obligación -como lo proponen quienes aluden
a la obligación de "medios"- sino porque el resultado esperado pudo
frustrarse a pesar del cumplimiento, por el deudor, de la conducta debida.
Entonces el acreedor no puede imputar al deudor responsabilidad sino
probando que por el obrar culpable de éste queda insatisfecho el objeto."
(Conf. autor citado, Obligaciones de medio y de resultado (Observaciones
críticas a un distingo conceptual a propósito de un fallo), en J.A. 1983-II-170).
Al respecto, al objetar la validez de la clasificación y refiriéndose
precisamente a la cirugía estética, resulta esclarecedor el ejemplo dado por
Belluscio. Dice este autor: "Obsérvese el caso del cirujano. Se pretende que
su obligación es de medios, salvo en el caso de la cirugía estética, y -según la
doctrina y la jurisprudencia francesas- cuando la culpa deriva del uso de
instrumentos o materiales defectuosos. En primer lugar, no se ve clara la
distinción entre la cirugía común y la estética. Tanto riesgo quirúrgico y tanta
posibilidad de negligencia o impericia puede haber en un caso como en el
otro. Además, todo depende de qué se entienda por "resultado" en el
segundo caso: si una nariz hermosa o similar a determinado modelo, o la
conclusión exitosa de la operación dentro de las posibilidades que ofrezca el
desarrollo de la ciencia; de aceptarse esto último, no habría diferencias con la
cirugía tendiente a la supresión de los males sufridos por el paciente. A la
inversa, en ésta, no necesariamente el resultado es la intervención exitosa,
sino que puede serlo su conclusión dentro de las posibilidades científicas..."
(autor citado, Obligaciones de medios y de resultado. Responsabilidad de los
Sanatorios, en La Ley 1979-C-29).
Por otra parte, aún la presunción de culpa del deudor en las obligaciones de
resultado puede tener distinta fuerza, pues mientras en algunos casos cede a
la prueba negativa de la ausencia de culpa; en otros solo puede probarse la
culpa de la víctima o de un tercero o el caso fortuito ajeno a la cosa (conf. la
distinción que surge del art. 1113, primera y segunda parte del párrafo
segundo, del Código Civil).
Con las observaciones mencionadas, analizaré las constancias arrimadas a
autos, a fin de determinar la responsabilidad del médico demandadoNo me parece tan determinante la diferenciación entre cirugía estética y
reparadora, sin embargo, teniendo presente la controversia planteada entre
las partes y el destacable esfuerzo del letrado del actor al impugnar el
dictamen periciales y al expresar agravios, consideraré el tema.
En mi criterio, no cabe duda que la intervención quirúrgica cuestionada fue
estética. Cabe definir claramente ambos tipos de cirugía, la reparadora y la
cosmética; la primera actúa sobre una lesión previa, buscando solucionar y
garantizar el normal funcionamiento y conjuntamente tratar de mejorar la
apariencia de la lesión original; la segunda se practica sin padecimiento de
afección anterior y con vistas exclusivamente a su perfeccionamiento o
embellecimiento físico.
De todas maneras, debe preguntarse cuál fue el resultado comprometido por
el médico interviniente, la implantación con éxito de la prótesis mamaria o el
empleo de una buena técnica quirúgica. En el consentimiento informado
suscripto por la actora antes de la intervención expresamente se dejó
constancia que a pesar de habérsele informado el resultado deseado de la
operación, no se le ha garantizado la obtención de ese resultado sino solo los
mejores esfuerzos y la técnica y procedimientos adecuados, aconsejados por
la ciencia médica.
Aunque considero que no se desprende con claridad de la prueba que con la
intervención médica se empeoró la situación estética de la actora (visto está
que no se pretende la reparación del daño estético), partiré de la base de que
el resultado logrado no fue el esperado, conforme surge del dictamen pericial
a fs. 335 y se observa en las fotografías glosadas a fs. 223 vta. y 224.
Por ello, considero que también en el caso de autos, aun cuando pueda
afirmarse que con la cirugía no se logró el resultado esperado, igualmente la
actora no puede imputar al médico responsabilidad, sino probando que por
el obrar culpable de éste quedó insatisfecho ese objeto. Es que como se ha
dicho, y reitero, la conducta "prudente y diligente" del deudor puede ser
condición necesaria pero no suficiente para alcanzar el resultado, el que
puede depender, en mayor o menor medida, de circunstancias externas
extrañas al deber jurídico de aquél. (Zannoni, ob.cit. J.A. 1983-II-172).
Tal es el caso de autos, pues no cabe duda que el seroma que presentó la
actora y que frustró el resultado esperado se debió a una causa ajena, propia
del riesgo del implante, y por ende, no se ha demostrado la relación causal
de ese desenlace con la actuación del médico.
Obsérvese que aun cuando –siguiendo la posición de la actora-, se
considerara que en la cirugía estética el médico responde siempre ante el
resultado frustrado, en todo caso debe acreditarse la relación causal, y como
vimos, surge de la pericial médica que el resultado fue frustrado por una
causa ajena a la actuación del profesional médico; razones ideosincráticas,
propias de cada paciente y que son imposibles de prever.
IV.- El abandono del tratamiento.
Como se desprende de la historia clínica perteneciente a la actora y
acompañada por el demandado, cuyo original obra en sobre B 101, con
posterioridad a la intervención quirúrgica efectuada el 21 de diciembre de
2001, el 24 de diciembre el médico cirujano retiró vendaje elástico, se
aspiraron drenajes y se colocó corpiño comprensivo de licra. El 28 de
diciembre consta curación, con buena evolución. El 4 de enero nueva
curación. Retiro de punto por medio y se permite actividad moderada. El 11
de enero la actora no concurrió al turno de las 10.15 hs. El 14 de enero la
paciente concurrió fuera de turno a las 19 hs. y fue atendida por el Dr. G. R.,
quien circunstancialmente se encontraba en el consultorio, encontrando una
moderada secreción serosa, la curó y le indicó antibióticos como medida de
prevención. 18 de enero se realizó curación, se encuentra alguna costra en
cicatriz y se realizó toillette. Se señala que la secreción del lado izquierdo ha
desaparecido. El 25 de enero consta secreción serosa clara de la incisión del
lado derecho. No hay signos inflamatorios ni temperatura. Se le aconseja que
los controles sean más frecuentes. Desde esa fecha y a pesar de los llamados
del médico para que se realice control, la actora no concurrió más al
consultorio del demandado.
Observo que desde esa fecha hasta el 13 de febrero, cuando concurrió al
consultorio del Dr. Polito, la actora dejó transcurrir casi veinte días con
secreciones sin realizar curaciones, abandonando el tratamiento que le
efectuaba el médico demandado.
Como ha señalado el perito médico el seroma es una de las complicaciones
que puede aparecer, y su origen puede ser linfático, exudado inflamatorio del
tejido o proliferación vascular vénulocapilar, por lo que resulta importante la 
observación que brinda el control evolutivo de los pacientes a través de
curaciones y controles frecuentes; y reitero que la supuración serosa
ocasiona la dehiscencia de suturas a posteriori, motivando en su itínere la
consecuente extrusión del material de implante, el cual una vez en contacto
con el exterior es de rigor quirúrgico su retiro, por encontrarse contaminado
(conf. fs. 225, punto 2 del dictamen pericial médico).
De allí que ahora no puede afirmarse que se hubiera llegado al fracaso del
resultado esperado si la actora no hubiera abandonado las curaciones y los
controles frecuentes.
V.- El consentimiento informado.
Asimismo, la actora también alega que el médico le aseguró el éxito del
implante; no informándole en consecuencia de los riesgos que podrían llevar
a un resultado diferente. Sin embargo, en este aspecto, las constancias de
autos demuestran lo contrario.
Resulta indudable, y así se ha sostenido en doctrina y jurisprudencia, que los
médicos deben informar claramente a sus pacientes, advirtiéndoles sobre los
riesgos propios de los tratamientos a efectuarse (conf. Llambías,
Obligaciones, T IV-B, núm. 2824; Bueres, ob.cit. p. 128 y ss.; Mosset Iturraspe,
Responsabilidad civil del médico, p. 128 y ss.). En este sentido, muchos fallos
han aplicado por vía de analogía el art. 11 de la ley 21.541 que exige a los
médicos informar de manera suficiente y clara, adaptada al nivel cultural de
cada paciente, acerca de los riesgos de operación de ablación o implante,
según sea el caso, sus secuelas, evolución previsible y limitaciones
resultantes" (véase, Highton y Wierzba, La relación médico paciente: El
consentimiento informado, p. 315 y ss).
El modelo paternalista ha dado paso así al reconocimiento del derecho del
paciente a decidir con propia autonomía y para ello, a la exigencia del
consentimiento informado, lo que supone el derecho a negarse a ser
sometido a un tratamiento médico.
En materia de salud diversas leyes aluden expresamente al cumplimiento de
este deber médico: ley de Ejercicio de la Medicina 17.132; art., 19 de la ley de
Sida 23.798; art. 8 de la ley de transplantes 24.193, art. 13 y actualmente la
ley de derecho del paciente. Historia clínica y consentimiento informado
26.529, aunque esta última posterior al caso de autos. De todas maneras, el derecho del paciente a ser informado sobre los riesgos del tratamiento
resulta también del art. 42 de la Constitución Nacional, la ley de Defensa del
Consumidor 24.240, (art. 4) y del principio general de la buena fe del art.
1198 del Código Civil que impone el deber accesorio de conducta a efectos
de la protección de la indemnidad del co-contratante. Posteriormente a las
circunstancias de autos la ley 26.529, promulgada el 19 de noviembre de
2009, expresamente legisló sobre el consentimiento informado en el art. 5 y
ss.
En este sentido, se ha llegado a sostener que cuando el médico actúa sin
obtener la voluntad debidamente informada del paciente asume
unilateralmente los riesgos propios de su intervención, aun cuando no exista
culpa en la producción del daño (CNCiv. Sala F, Mímica, Adriana N. c.
Fernández, Elsa, feb. 5-1998, JA 2001-IV-síntesis).
Respecto del consentimiento informado, se ha sostenido que puede
deducirse una manifestación tácita de voluntad de actos posteriores, que no
hubieran sobrevenido de no haberse consentido actos -en el caso
tratamientos o prácticas médicas anteriores. La relación médico paciente no
se da o constituye en general, por un solo acto instantáneo sino con una
continuidad y de los comportamientos de hecho pueden deducirse, en ciertas
circunstancias y ante conductas inequívocas, que no dan lugar a dobles
interpretaciones, consentimientos tácitos. La larga relación hace mas
probable que un silencio tenga significado de consentimiento y ciertas
actitudes omisivas o hechos positivos posteriores pueden valer como
manifestación de voluntad" (conf. Highton-Wierzba, ob.cit. p.116).
En el caso de autos no puede sostenerse que no ha habido consentimiento
informado cuando se ha acreditado que la paciente firmó el documento así
denominado, en el que consta que ha tomado conocimiento del tratamiento
quirúrgico y de los eventuales riesgos directos e indirectos que pudieran
sobrevenir (véase en este aspecto historia clínica acompañada por el
demandado que obra en sobre cerrado y pericial caligráfica de fs. 422/425).
En efecto, la actora firmó, no solamente el documento denominado
información para pacientes que consideran la posibilidad de someterse a
cirugía para la colocación de implantes mamarios de siliconas, donde
expresamente se manifiestan los riesgos específicos -además de losquirúrgicos generales-, sino también ha prestado por escrito el
consentimiento para la intervención de la surge que se le ha aclarado que las
complicaciones son similares a cualquier otro tipo de operación y podrán ser
tales como inflamación, decoloración de la piel, hematoma, trastornos de la
conducción nerviosa periférica, tejido cicatrizal anormal, infección, necrosis,
etc.
Cabe concluir que la paciente conocía la intervención a la que iba a ser
sometida cuando suscribió la documentación citada. Además, la declaración
de M. L., a fs. 158, amiga de la actora, la que demuestra conocimiento de la
operación de implante a la que también ésta se sometió con otro cirujano
pocos días después de la de la actora, y teniendo presente que las afrontaron
juntas acompañándose, esas circunstancias corroboran aquella conclusión.
Por otra parte, y aun cuando se siguiera el razonamiento de las actoras sobre
la insuficiencia del consentimiento informado, como ya ha dicho la Sala: en
esta materia no pueden adoptarse decisiones generales o criterios
simplificadores debiendo examinarse la cuestión en cada caso particular y
estarse finalmente a la teoría de la causalidad adecuada. De ahí que aun
cuando la omisión en la obtención del consentimiento informado pueda
constituir un agravio a la autonomía del paciente, de modo alguno se puede
responsabilizar a los médicos por una consecuencia dañosa que no puede ser
atribuida a la culpa del médico, no existiendo relación de causalidad
adecuada entre la obtención del consentimiento informado y el resultado
final, que obedece a las secuelas propias de la patología que presentaba en el
caso la paciente (esta Sala, 24 de setiembre de 2010, Expediente 37.715/04,
en autos “Echenique, Silvia Beatriz c. Pardal, Carlos y otros s/ Daños y
perjuicios”, Libre 537648, con primer voto del Dr. Ameal).
En consecuencia, no habiéndose acreditado la culpabilidad del médico
interviniente, deberá rechazarse la demanda.
VI.- Las costas.
Las costas del juicio, en ambas instancias, serán soportadas por la actora
vencida pues no advierto circunstancia alguna que permita apartarme del
principio objetivo de la derrota. (art. 68 del Código Procesal).
Por las consideraciones enunciadas, en caso de resultar compartido este voto
propongo al acuerdo, confirmar la sentencia en todo lo que decide y fuemateria de agravios, con costas de alzada a la actora vencida art. 68 del
Código Procesal).
El Dr. Domínguez y el Dr. Ameal por las consideraciones y razones aducidas
por la Dra. Hernández, votan en el mismo sentido a la cuestión propuesta.




//nos Aires, 25 de febrero de 2014.

Y visto lo deliberado y conclusiones establecidas por mayoría de votos el
Tribunal decide confirmar la sentencia en todo lo que decide y fue materia de
agravios, con costas de alzada a la actora vencida art. 68 del Código
Procesal).
De conformidad con lo dispuesto en los arts. 6, 7, 9, 37, 38 y ccds. de la ley
21.839 y su modificatoria ley 24.432, art. 30 de la ley 20.243, decreto
1467/11 y trabajos realizados por los letrados intervinientes en autos, peritos
y mediadora; se incrementan los honorarios de los Dres. A. M. T., L. C. M. y V.
E. M. en conjunto a la suma de $8.000.-; los de los Dres. V. E. R. y T. M. L. R.
en conjunto y en la misma proporción fijada a la suma de $8.600.-; los del Lic.
C. F. a la suma de $3.600.-; los del Dr. J. C. B. a la suma de $4.500.-; los del Dr.
J. U. S. P. a la suma de $4.500.- y se confirman los restantes honorarios
recurridos fijados a fs. 446vta. por no ser excesivos.
Atento lo normado en el art. 14 de la ley 21.839 y su modificatoria ley
24.432, se fijan los honorarios del Dr. A. M. T. en la suma de $2.160.- y los del
Dr. J. R. A. en la suma de $2.700.
Regístrese, notifíquese y devuélvase. LIDIA B. HERNANDEZ - CARLOS A.
DOMÍNGUEZ- OSCAR. J. AMEAL - RAQUEL E. RIZZO (SEC.). 

Fuente: http://www.infojus.gov.ar

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